El BNPL ecuatoriano consolida su ruta de crecimiento con 2000 operaciones mensuales a agosto 2026 y sus primeros usuarios son, en gran medida, jóvenes. Al respecto nuestro estudio con 430 estudiantes universitarios de ESPOL muestra algo más importante para entender el mercado que viene: el joven con intención de usar BNPL no es, necesariamente, el joven excluido del sistema financiero ni el comprador impulsivo. Es un consumidor que ya está bancarizado, usa poco crédito y puede abrirse a una nueva forma de financiamiento cuando confía en quién está detrás de la operación.
Ahí está el hallazgo que cambia la lectura. El 86,0% de los estudiantes tiene cuenta bancaria, pero apenas el 20,2% posee tarjeta de crédito y el 69,3% no utilizó ningún producto crediticio durante los últimos doce meses. Aun así, el 57,9% considera probable o muy probable utilizar BNPL. La brecha no está entre jóvenes “dentro” o “fuera” del sistema financiero. Está entre estar bancarizado y querer relacionarse con el crédito tradicional.
Esto importa porque solemos presentar al BNPL como una respuesta para quien no tiene tarjeta o no consigue crédito. Nuestros datos cuentan una historia distinta. Entre quienes no han utilizado crédito, 27,2% señala que no lo ha necesitado y otro 27,2% prefiere no endeudarse; solo 5,6% reporta no calificar o haber sido rechazado. En esta muestra, la autoexclusión pesa mucho más que la exclusión involuntaria. Para una parte de estos jóvenes, BNPL no sustituiría un crédito que el sistema les negó: podría convertirse en su primera relación crediticia porque entra por la compra y no por la búsqueda de un préstamo.
DOI: 10.13140/RG.2.2.29600.96004