Please feel free to read and cite any published document: Silvia Mariela Méndez Prado, smendez@espol.edu.ec ESPOL Polytechnic University, Escuela Superior Politécnica del Litoral, ESPOL, Faculty of Social Sciences and Humanities, Campus Gustavo Galindo Km 30.5 Vía Perimetral, P.O. Box 09-01-5863, Guayaquil, Ecuador.

lunes, 11 de mayo de 2026

La universidad frente al scrolling: LECTURA, BIENESTAR Y CRITERIO como urgencias formativas

Durante años se ha dicho que los estudiantes universitarios deben leer más, escribir mejor, pensar con mayor profundidad y cuidar su bienestar emocional. Sin embargo, pocas veces esas preocupaciones se convierten en políticas institucionales sostenidas. Cuando existen programas que apuntan en esa dirección, muchas veces son vistos como accesorios, “blandos” o prescindibles.

 

Dos experiencias desarrolladas desde FCSH-ESPOL mostraron que esta agenda era necesaria. FCSHlee en el 2012 propuso incorporar un libro de corte cultural por materia para fortalecer lectura, escritura, comunicación oral y formación general. No se trataba solo de leer por cumplir, sino de ampliar el capital cultural de los estudiantes y abrir espacios de conversación académica más allá del contenido técnico.



DOI: 10.13140/RG.2.2.25691.94244 


 

De igual forma, las iniciativas vinculadas a mindfulness o presencia plena  2012 planteaban que aprender también requiere atención, autorregulación emocional, autoconocimiento y bienestar. La universidad no forma únicamente profesionales competentes; forma personas capaces de pensar, decidir, convivir y sostenerse emocionalmente en contextos complejos.

 

14 Años después, los datos de aula confirman que estas preocupaciones no eran secundarias. En una encuesta diagnóstica aplicada el primer día de clase a 29 de 41 estudiantes de Fundamentos de Inversiones, en una de las universidades públicas más importantes del país, aparecen señales que merecen atención.

 

El 86% declara leer anualmente entre 0 y 5 libros de más de 200 páginas por iniciativa personal. Ningún estudiante reporta leer más de 10 libros al año. A la vez, el 79% considera que aprende mejor escuchando al profesor y repasando en casa, mientras apenas el 21% identifica la lectura y el estudio autónomo como su principal vía de aprendizaje.

 

En el plano digital, solo el 31% declara usar TikTok, Instagram u otras redes entre 0 y 2 horas diarias para informarse. El resto supera ese tiempo, y un grupo importante dedica entre 4 y 6 horas al día. Incluso aparece una respuesta extrema: permanecer conectado mientras se está despierto, revisando videos y contenidos.

 

Respecto a los influencers, el interés se concentra en estilo de vida, con 38%, seguido por salud, con 21%. Finanzas y tecnología apenas alcanzan 10% cada una, pese a tratarse de un curso de inversiones. Esto revela una tensión importante: los estudiantes tienen acceso a información, dispositivos y conectividad, pero no necesariamente a hábitos de consumo crítico, formación cultural o referentes intelectuales sólidos.

 

El dato esperanzador es que el 93% manifiesta interés en participar en proyectos de investigación para publicación científica por experiencia y formación. Esto demuestra que no falta potencial. Falta una arquitectura universitaria capaz de convertir ese interés en lectura, escritura, disciplina, investigación y criterio.

 

La problemática puede resumirse en cuatro dimensiones.

 

Primero, existe una crisis de atención. El scrolling permanente acostumbra a la mente a la inmediatez, al fragmento y a la gratificación rápida. La universidad, en cambio, exige lectura larga, paciencia cognitiva, escucha, argumentación y concentración.

 

Segundo, hay una fragilidad del capital cultural. Leer libros, escribir ensayos, discutir ideas y conocer referentes históricos, científicos o sociales no es un lujo humanista. Es parte de la formación del criterio.

 

Tercero, hay una tensión entre bienestar y rendimiento. Muchos estudiantes trabajan, toman varias materias y viven bajo presión. Si a eso se suma hiperconectividad y bajo hábito lector, el resultado es una experiencia universitaria más vulnerable.

 

Cuarto, hay una debilidad institucional para sostener buenas iniciativas. Programas de lectura, escritura, investigación temprana o bienestar no deberían depender del gusto de una autoridad ni de coyunturas administrativas. Si producen valor formativo, deben evaluarse, actualizarse y sostenerse.

 

Las universidades internacionales más sólidas ya no separan excelencia académica de bienestar estudiantil. La salud mental, la transición a la vida universitaria, la prevención, la cultura, la escritura y la formación integral son hoy parte de una agenda universitaria seria.

 

Por eso, la pregunta de fondo no es si la universidad debe enseñar inversiones, cálculo, programación o inteligencia artificial. Debe hacerlo. La pregunta es si puede hacerlo bien con estudiantes que leen poco, se distraen mucho, consumen información superficial y tienen pocos espacios para pensar con profundidad.

 

La respuesta es no.

 

La universidad no debe competir con TikTok ni con los influencers. Su tarea es otra: ofrecer profundidad donde hay prisa, lectura donde hay fragmentación, evidencia donde hay opinión, cultura donde hay consumo y presencia donde hay dispersión.

 

Los datos no deben usarse para culpar a los estudiantes. Deben leerse como una alerta institucional. Si los jóvenes llegan con baja lectura, alto consumo digital y presión emocional, la universidad debe responder con más formación, no con resignación.

 

FCSHlee y mindfulness no fueron actividades accesorias. Fueron una visión anticipada de una agenda que hoy resulta urgente: 1) recuperar la lectura, 2) el bienestar, 3)la atención (plena incluida) y 4)el criterio como funciones centrales de la universidad.

 

La pregunta ya no es si estos programas eran necesarios. La pregunta es cuánto pierde una universidad cuando deja de sostenerlos.

 

Por: Silvia Mariela Méndez-Prado*

Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas de ESPOL

*smendez@espol.edu.ec

 

Palabras clave

·       Scrolling en universitarios

·       Educación consciente

·       Pensamiento crítico

·       ESPOL

·       Ecuador

·       Mindfulness

·       Universidad

Highlights

1.     La universidad enfrenta una crisis de atención, lectura y criterio en entornos dominados por el scrolling.

2.     Experiencias como FCSHlee y Mindfulness anticiparon necesidades formativas hoy visibles en el aula.

3.     El 86% de estudiantes declara leer apenas entre 0 y 5 libros al año por iniciativa personal.

4.     El 79% afirma aprender mejor escuchando al profesor, lo que evidencia baja autonomía lectora.

5.     El uso intensivo de redes para informarse compite con la concentración y la profundidad académica.

6.     Aunque predominan referentes de estilo de vida, el 93% muestra interés en investigar y formarse.

7.     La lectura, el bienestar y la cultura no son adornos: son condiciones para una formación universitaria integral.

No hay comentarios: